Todos hemos crecido escuchando frases del tipo: “Qué suerte que tiene fulanito”, “Qué suerte tiene ese videógrafo que tiene mucho trabajo”, “Qué mala suerte que donde vivo la gente no paga bien el video”, “Qué mala suerte que no me puedo comprar tal o cual equipo”,...
Cuando empezamos a entender y a aceptar mejor el funcionamiento del universo, nos podemos dar más cuenta de que nada de lo que sucede es cuestión de suerte o mala suerte.
El universo manifiesta naturalmente y perfectamente nuestra realidad cotidiana creando las situaciones que verifican nuestras creencias.
De este modo si yo pienso repetidamente algo, por ejemplo que a causa de la crisis que está pasando este país, nadie me va a contratar y mucho menos pagar lo que debo de cobrar por un video, lo más seguro es que se confirme mi creencia y esa frecuencia vibratoria que yo desprendo, haga que los clientes se alejen de mi negocio.
De modo que, ¿qué ocurrirá si ignoramos el poder de nuestros pensamientos y su poder de atraer nuestras circunstancias externas, si seguimos ignorando que nuestro propio poder y seguridad en nuestro trabajo es lo que atraerá clientes? Sólo basta saber hasta dónde queremos llegar.
Ahora que ya sabes cómo funciona este aspecto de la vida; sí que puedes observarte y observar quién es responsable de tu vida, de todo lo que ocurre en tu cotidiano; sabes que eres al 100% responsable de todo lo que te rodea, de lo que quieres como trabajo, de conseguir el status que deseas; ahora ya, no puedes hacer como si no supieras.
Los límites del crecimiento debes ponerlos tú. De eso debes estar totalmente seguro. Nada ni nadie deben imponerse entre tus deseos y la consecución de los mismos. El crecimiento está en tus manos. Aunque deberás luchar y cambiar para poder lograrlo.
Muchas personas creen que la vida cambia cuando cambia el lugar donde viven, el trabajo, los socios o hasta los amigos. Grave error. La vida cambia cuando uno cambia, cuando uno se decide a poder lograr lo que realmente quiere para su propio beneficio.
No hay que temer. Obviamente, irán surgiendo muchas dificultades en el camino. Pero debes ser tú mismo el que se imponga ese crecimiento y esa capacidad de revertir las malas situaciones. No esperes que otro lo haga por ti. Todo empieza por tu propia persona.
-Yo al final doy gracias por un día más, no importando cuántas encuestas haya hecho- me dijo para concluir, y esto me dejó pensando. Cómo voy a dar gracias si todavía no veo cómo cumplir con mi carga de trabajo.
En un principio, al ver cómo al líder de mi grupo y a otra compañera les salían las encuestas en casi todas las casas que tocaban, o al menos hacían el filtro, pensé “tienen buena suerte”, pero yo nunca he creído en la suerte. No creo que el universo haya sido crea- do en un juego de dados. Por eso empecé a analizar al líder de mi grupo. Me di cuenta de que siempre que se presentaba lo hacía con una sonrisa y decía formalmente su nombre, nunca mencionaba la palabra encuesta, solamente indicaba que estaba realizando un pequeño estudio para conocer la opinión acerca de determinado producto y, en caso de que la persona aceptara, procedía a realizar las preguntas del filtro. Si no lo pasaba daba las gracias y hacía algún comentario agradable al respecto, para despedirse amablemente. Jamás escuché que si no pasaban el filtro, cortara la entrevista en forma brusca.
Por el contrario, mi compañera tocaba y con una seriedad parecida a la del ejército, se presentaba, decía que estaba realizando una encuesta y muy seria les indicaba si podían contestar algunas preguntas… ¡y la gente accedía!
¿Cuál de los dos procedimientos era el adecuado? Mientras que el líder era toda amabilidad y cortesía, y hacía en promedio siete encuestas; mi compañera, toda seriedad y firmeza, sin ser descortés, realizaba de 6 a 8 encuestas; ¡mientras que yo no lograba pasar de 3!
-No hay problema- contestó mi jefe cuando le comenté esta situación –verás que muy pronto lograrás alcanzarlos.
Y fue cierto. Pronto descubrí mi propio estilo y pude aumentar mi producción haciendo el mismo promedio de mis dos compañeros. ¿Me llegó la suerte? ¡NO! Simplemente comencé a hacer el trabajo con la metodología y el orden ya establecidos. Definitivamente la suerte no existe, lo real es que hay una Ley de Causa y Efecto. Si no domino mi trabajo en cuanto al conocimiento del cuestionario, cómo voy a poder realizar una encuesta. Y es aquí donde se aplica al negocio de la foto o video. Si no tengo el conocimiento de mi equipo o de las técnicas de grabación, si soy temeroso al acceder a un posible cliente, si no tengo completo dominio de lo que me dedico, está claro que mi producción será baja. Y esto no es cuestión de suerte, sino de un trabajo continuo. Nunca debo pretender que luego de muchos eventos grabados de un mismo tipo, ya sé que es lo que el cliente requiere, sin ni siquiera haberme entrevistado con él.
Si yo creyera en la suerte, antes de presentarme en mi estudio, debería de leer mi horóscopo para saber si será un día bueno o malo para mí. Si los astros me deparan buenos augurios en cuanto a mi trabajo. Si alguna fuerza extraña, ajena a mi mismo actuará ese determinado día para que yo tenga suerte con los clientes. Y nada de eso es cierto. Todo está en mí. Si yo digo que hoy va a ser un día malo, ese día así será. Lo que se piensa se manifiesta. De manera contraria, siguiendo el axioma anterior, cada vez que me levanto, además de dar gracias por un nuevo día, me convenzo de que hoy tendré un estupendo trabajo. Mi actitud ante todos, en el transporte, en el estudio,con mis clientes, siempre es cordial, amable y justa